A lo largo de la historia, el tiempo ha tenido dos grandes maneras de ser interpretado. Por un lado, la vertiente objetiva en donde el tiempo es considerado cronológico, definido por criterios científicos como la física, en que el fenómeno se resume en múltiplos y submúltiplos de segundos, aunque puede estar sujeto a cambios dependiendo de las condiciones gravitacionales o cuánticas. Este es el llamado tiempo ordinario, es decir continuo, constante, irreversible y direccional (Díaz, 2011). Por otro lado, el tiempo subjetivo está enfocado principalmente en la experiencia, esta puede ser un flujo, duración, lapso, etc.; así pues, se entiende como un proceso en que el sujeto vive e interpreta de diversas maneras el pasado, presente y futuro, estas percepciones pueden ser intrasubjetivas o intersubjetivas pero siempre haciendo hincapié en la experiencia como un devenir del cual nacen y se proyectan las dimensiones temporales (Díaz, 2011; Shipp y Jansen, 2021).
Si bien, con el pasar de los años se han logrado desarrollar lecturas más sofisticadas que integran nuevos elementos complejizadores del problema de la organización del tiempo, la disciplina de la psicología se ha ido quedando atrás en la integración de nuevas interpretaciones sobre el tiempo y las temporalidades. En el área clínica, la presencia del tiempo objetivo existe, sobre todo, de manera operacional, es decir, la duración de una sesión, y si es que se aumenta la rigurosidad se podría afirmar que también cae dentro de criterios subjetivos. Por lo general, las nociones en psicología clínica sobre este tema han estado influenciadas desde una epistemología fenomenológica y, por consiguiente, nociones subjetivas del tiempo, esto se puede ver cuando Morales (2012) comenta como el estudio de la yoidad es inseparable de las temporalidades, pues estas son configuradoras del sujeto mismo. El tiempo, la percepción, las vivencias subjetivas y las experiencias se entretejen y ahí es donde podemos hallar rastros del sujeto, en otro trabajo comentan como el self está contenido en horizontes de pasado y futuro que se encuentran en un permanente flujo, además se alerta de la necesidad de integrar el análisis de las dinámicas del self en las lecturas diagnósticas, posicionando la mirada desde la fenomenología y de esta manera dar cuenta de cómo el sujeto las está experimentando (Müller, 2011).
En los análisis sobre percepciones y experiencias sobre el tiempo anormal o en patologías psicológicas graves, resalta el enfoque de los estudios y tratamientos en la vivencia subjetiva del paciente, lo que permite ver dificultades para relacionarse y moverse por escalas temporales a propósito de posibles mecanismos que subyacen en la sensación de continuidad temporal. Es por eso que se resalta lo peculiar de la vivencia, pues al momento de presentarse en una consulta, el profesional se debe adecuar al sentir temporal de cada paciente e imprimir en cada uno de ellos una temporalidad peculiar y distintiva (Castro, 2010; Giersch et al, 2013). Aunque hay una perspectiva emergente, las terapias breves son una tendencia que surge a raíz de la creciente demanda de intervenciones más eficaces y eficientes, que se adapten a la heterogeneidad de los requerimientos, y buscan optimizar los recursos utilizados en el tratamiento, como por ejemplo el tiempo. Con un promedio de 8 a 10 sesiones, la Terapia Breve Centrada en Soluciones (TBCS) son un modelo sistémico basado en el construccionismo social, con un enfoque breve y centrado en las fortalezas del paciente, así como un uso de un lenguaje de soluciones que impulse un cambio en el comportamiento (León-Wong et al, 2022), es decir, es un modelo que busca acelerar la recuperación de las personas en donde el uso del lenguaje se transforma en el medio para co-construir una realidad mucho más funcional lo más rápidamente posible. A diferencia de las terapias ortodoxas centradas en el tiempo peculiar del sujeto, en estas sí se puede observar la presencia de una cronología determinada, la cual está respaldada por diversas investigaciones científicas como la de , en donde se estudia la TBCS en un caso de estrés post traumático.
Si la disposición de las temporalidades en una terapia psicológica, la cual solía privilegiar la interpretación subjetiva del tiempo, poco a poco empieza a escapar de la pericia del profesional, y pasa a manos de organismos que pueden predefinir y imponer una constitución temporal, alterando en su paso la propia técnica y la subjetivación que provoca ¿Que se puede hacer en este rígido desencaje?
Es por eso que escrito, a través de una reinterpretación del trabajo de Elias en Time: A Essay, pretende integrar una nueva lectura posible sobre la cuestión del tiempo y las temporalidades, para así, posteriormente enfocarlo en la psicología, con el fin iluminar esta problematica e introducir nuevos elementos como la técnica, a una discusión que está lejos de ser resuelta. En su libro, Norbert Elias realiza un seguimiento histórico sobre cómo se ha operacionalizado el tiempo en las distintas épocas y culturas, logrando definir al concepto de “tiempo” como un símbolo de una relación que, un grupo humano, constituye entre dos o más procesos, de los cuales uno cumple la función de marco de referencia al ser un continuum (Elias, 2010), es decir, un proceso con una secuencia que se repite constantemente, la cual siempre está mediada por componentes culturales. De esta manera, se distancia de la idea de tiempo como capacidad innata y se instala como un triunfo simbólico humano.
Son muchos los ejemplos de la noción de tiempo antes expuesta, como en épocas primitivas el sol se usaba como proceso de referencia, puesto que tiene la característica de siempre repetir un mismo patrón. Otro ejemplo mucho más tecnificado de continuum en devenir es el reloj, el cual fue configurado para producir una misma secuencia iterativa capaz de usarse como marco referencial permanente. A partir de lo planteado anteriormente, es posible ver cómo al articular su noción de tiempo, Elias ignoró una característica que se encuentra en la relación en sí misma que existe entre los procesos que intenta relacionar, pues esta es necesariamente artificial, una producción mediadora. El ser humano como entidad en búsqueda de satisfacer sus necesidades inventa la técnica, entendida como los medios empleados por el ser humano, pero no con el propósito de adaptarse al medio, sino que para adaptar el medio a sus necesidades y reducir las veces en las que el mundo no puede satisfacerlas, lo que en último término produce es un mundo sobrenatural que es el lugar auténtico del ser humano (Sanchis, 2014).
Siguiendo lo anterior, esta relación artificial producida por el humano sería en realidad una técnica que permite la emergencia de un tercero de referencia, por lo que más que un proceso de referencia dentro de una relación es una relación mediada por la técnica que permite la producción de un objeto de referencia y, por tanto, la producción de un tiempo sobrenatural, un tiempo que es solamente humano, auténtico para él mismo, como nos lo deja ver Borges (1949) a través de su notable cuento El Aleph, “ya complidos los cuarenta años, todo cambio es un símbolo detestable del pasaje del tiempo” (p. 349).
Rose (2019) introduce la noción de techne en la psicología, y la define como las formas en que se organizan como una práctica en términos de los espacios y lugares en que los psicólogos ejercen su profesión, la variedad de técnicas disponibles para ellos, sus diferentes modos de operación y las muy diversas relaciones de autoridad, dominación y alianza entre los psicólogos y sus sujetos. En este extracto destaca la variedad de técnicas disponibles en la práctica de los psicólogos, las cuales pueden en su ejercicio hacer emerger una variedad de tiempos sobrenaturales. Además, a través de esta definición se puede establecer como en el saber-hacer del psicólogo, este puede producir y reproducir humanos para se que se inserten en el mundo sobrenatural de una forma natural, pues la práctica psicológica cumple una función normalizadora de esta sobre-realidad.
La psicología, durante la mayor parte de el desarrollo de su práctica y la aplicación de su técnica, dejó a criterio del profesional la capacidad de manipular la temporalidad de la intervención por la naturaleza subjetiva de su quehacer, pero esto cambio gracias a que la ciencia instala nuevas lógicas de intervención estandarizadas, que producen una alienación de la temporalidad y del psicólogo, esto invierte las nociones estandarizadas lo que genera que el tiempo sea el que determine la práctica y no viceversa, se posicione posicione una temporalidad determinada previa a la aplicación/práctica terapéutica. Este trabajo, intentará rescatar un tiempo que no responde o, más bien, escapa de las concepciones objetivas y subjetivas, pues apunta a darle respuesta a un problema de orden práctico en la psicología. Para eso es necesario que estas temporalidades que intentamos analizar surjan contingentemente dentro de un entramado donde lo objetivo y lo subjetivo son solo elementos que se deben relacionar dentro de un enjambre aún mayor y así tener la capacidad de dar una respuesta al problema de ¿cómo se establecen las temporalidades en una intervención? Y más aún, ¿por qué se busca una intervención más acotada? ¿Buscamos acelerar?
Borges, J. (2014). Cuentos completos. Debolsillo.
Cornejo Troche, M. (2021). Terapia breve centrada en soluciones en un caso de trastorno de estrés post traumático. Ajayu Órgano de Difusión Científica del Departamento de Psicología UCBSP, 19(1), 160-194. http://www.scielo.org.bo/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S2077-21612021000100006&lng=es&tlng=es.
Díaz, J. L. (2011). Cronofenomenología: El tiempo subjetivo y el reloj elástico. Salud mental, 34(4), 379-389. http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0185-33252011000400010&lng=es&tlng=es.
Elías, N. (2010). Sobre el tiempo (G. Hirata, Trans.; H. Vera, Pról.). Fondo de Cultura Económica. (Trabajo original publicada en 1984)
Giersch, A., Lalanne, L., Van Assche, M., & Elliott, M. A. (2013). On disturbed time continuity in schizophrenia: an elementary impairment in visual perception. Frontiers in psychology, 4, 281. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2013.00281
García Castro, E. (2010). La vivencia del tiempo en la psicología normal y en la patológica, II. Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría, 30(1), 137-143. http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0211-57352010000100008&lng=es&tlng=es.
León-Wong, V. C., Heras-Benavides, D., y Polo-Martínez, M. (2022). Terapia breve centrada en soluciones y terapia de aceptación y compromiso para la depresión. Revista Arbitrada Interdisciplinaria Koinonía, 7(1), 516–618. https://doi.org/10.35381/r.k.v7i1.1854
Müller, M. (2011). Temporalidad en el campo clínico: fenomenología del self. Revista de Terapia Gestalt, 2, 80-101. https://www.researchgate.net/publication/361511994_TEMPORALIDAD_EN_EL_CAMPO_CLINICO-_FENOMENOLOGIA_DEL_SELF
Rose, N. (2019). La invención de sí mismo. Poder, ética y subjetivación (S. Vetö, N. Bornhauser, F. Valenzuela, Trans.). Pólvora. (Trabajo original publicado en 1996)
Shipp, A. y Jansen , K. (2021). El «otro» tiempo: Una revisión de la experiencia subjetiva del tiempo en las organizaciones. Anales de la Academia de Administración, 15, 299–334, https://doi.org/10.5465/annals.2018.0142
Sanchis, P. (2014). Ortega y Gasset, J. Meditación de la técnica. SCIO, (10), 187-191.

