Multiples Agenciamientos (P1)

Aceleración y Modernidad

Hartmun Rosa (2010) realiza una notable lectura de nuestro panorama al decir que “la experiencia de la modernización es una experiencia de aceleración”. Con esta afirmación articula una problemática que atraviesa las pretensiones de este escrito, pues al inscribir una dinamización relativamente nueva en las estructuras temporales, también modula una experiencia subjetiva original en los sujetos. Esta es caracterizada por la expresión de  pendiente resbaladiza, que refiera a la disposición de los sujetos de estar en una situación en la que están permanentemente obligados a ir más rápido si quieren mantener el ritmo inestable y liquido de su entorno, ya sea material o social, así evitar perder la sincronización de elementos que están condicionando las subjetividades. La hiperfragmentación del tiempo tiene distintas implicancias en cómo los sujetos configuran sus relaciones, las cuales van desde: dispersión, experiencias de discontinuidad, falta de profundidad, multitasking, entre otras. Por otro lado, el capitalismo transforma el tiempo en mercancía, lo que resulta en una presión permanente por aprovechar cada fragmento de tiempo de la manera más óptima y operativa (Sugarman y Thrift, 2020; Rosa 2010). Por consiguiente, el sujeto instrumentaliza sus relaciones, en pos de lo funcional y lo optimizado. Dentro del escenario descrito, las formas tradicionales de realizar psicoterapia se ven cuestionadas y envueltas en una paradoja, por un lado la psicología no puede ser ajena a las formas de subjetividad contingentes, por otro lado, la técnica psicológica requiere de elementos como profundidad y continuidad para ser efectiva. 

La alienación entendida como una relación sin relación (Lopez-Deflory, 2021) es el concepto clave que permite entender las consecuencias de la aceleración. Si bien, no es sorpresa que la psicología intenta decodificar esta nueva experiencia subjetiva, dentro de este contexto, la TBCS funciona, más bien, como dispositivo alienante, pues por la naturaleza de su técnica, la cual se enfoca objetivos intrapsíquicos específicos, produce la ilusión de que el exterior es algo completamente desprendido del sujeto, como si el mundo y sus cualidades no lo afectarán, dado que el paciente tiene la posibilidad de acceder a un servicio que trabaja alienado del tiempo.  

Bienestar basado en evidencia

La psicología a lo largo de su historia a cambiado de enfoque en múltiples ocasiones, sin embargo en la actualidad nos encontramos en el ascenso de la psicología basada en evidencia, la cual comprende tanto el diagnóstico como el tratamiento de los distintos trastornos que han sido contrastados científicamente (Echeburúa et al., 2010). La aparición de este enfoque ha permitido la formulación de prototipos estandarizados de intervención clínica, los cuales han mediado una reconfiguración en la relación paciente-terapeuta. Estas nuevas técnicas y tecnológicas de valor objetivo confieren a la práctica psicológica de un poder que es entendido como verdadero, evidente y capaz de solucionar malestares eficazmente. 

Echeburúa et al, (2010) describe cómo las demandas terapéuticas se han transformado en los últimos años, evidenciando la necesidad de la psicología por adaptarse a una nueva realidad en la necesita ser eficiente. Sin embargo, se ha dejado de lado al ser humano sufriente, se desatiende la singularidad a favor de instalar un instrumento estándar que traduzca la heterogeneidad social en datos homogéneos, esta operación es validada a través un régimen de verdad empírico que respalda la operación (Foucault, 2006). Tal respaldo, produce que la psicología basada en evidencia se transforma un canon de atención, un régimen que articula prácticas y materiales en torno a los pacientes de atención en salud mental, esto no solo constituye una una orientación específica, sino también es demandada por los sujetos (Mendez y Vanegas, 2010), estos al adentrarse en lógicas de eficiencia y eficacia se ven atravesados por formas de gestión de rendimiento que reconfiguran su subjetividad. Para poder lograr estos resultados, es necesario reducir al sujeto a sólo los procesos cerebrales que le ocurren, esto facilita el control de las variables al reducirlas a elementos enteramente materiales, lo que separa al sujeto de otros procesos que lo podrían estar atravesando.

Gestion de recursos (in)humanos

Es preciso destacar que la necesidad de gestionar los recursos como un elemento que propició el surgimiento de las TBCS.  Las crecientes demandas en torno a temáticas de salud mental han influido en cómo los sistemas gubernamentales coordinan y organizan las estrategias de intervención, se plantean nuevas formas de gobernar las subjetividades y de dirigir los deseos. En este contexto se articula el problema de la eficiencia en psicoterapia, de la necesidad de distribuir recursos limitados de manera racional a la mayor población posible, pues los sistemas de salud no suelen contar con los recursos necesarios para toda la demanda y nace la necesidad de determinar cuantas las sesiones mínimas para que un proceso psicoterapéutico sea efectivo. Un estudio realizado en universitarios expone que, en términos de eficiencia, la terapia limitada a 12 sesiones es preferible a la terapia sin límites, pues los pacientes dejaron de presentar indicadores clínicos, esta investigación obtuvo esos resultado a través de una escala de medición cuantitativa (Painepán y Kühne, 2012). Es decir, a través del uso de herramientas técnicas, científicas y objetivas es posible traducir los modos de existencia de cada persona, y modular su subjetividad en breves periodos de tiempo.

La psicología clínica afronta el problema y reto de obtener resultados positivos que puedan contrastar con indicadores estándar y, además, hacerlo en el tiempo más breve posible. Una de las soluciones ha sido producir protocolos estandarizados para determinados malestar o trastornos, con respaldo un empírico que se traduce un éxito terapéutico y en una disminución de sesiones (Bernaldo-de-Quirós, 2013). Al realizar esta clase de intervenciones, se individualiza el problema, pero homogeniza las formas de sufrimiento, las cuales se traducen en ciertos criterios que coinciden con un protocolo específico y una forma particular de tratamiento que pueda aprehender al sujeto y recortar su complejidad subjetiva en síntomas observables. Se transforma la manera de analizar al paciente, abandonando la idea de sujeto singular y único, para tender a un sistema de costos y beneficios que pretende reparar al sujeto con los menores recursos, en el menor tiempo posible. 

Tipos de perturbaciones 

Los servicios de atención en salud tienden a clasificar toda clase de problemas con lo que se puedan enfrentar, construyendo el malestar en un asunto técnico, el cual debe resolverse en el menor tiempo posible, esto ocurre particularmente en la psicología clínica al categorizar los distintos “tipos de perturbaciones”. Se encontró que uno de los factores relacionados a mayor la efectividad y duración del tratamiento psicológico es el nivel inicial de perturbación mental, es decir, sujetos con diagnósticos relacionados a perturbaciones afectivas y conductuales leves exponen mayor mejoría, a diferencia de patologías como paranoia y esquizofrenia, los cuales presentan pobres indicadores de mejoría. Los diagnosticados como psicóticos o personalidades limítrofes suelen sufrir deterioro en el proceso terapéutico (Santibáñez et al., 2008).

Obviando el juicio moral que conlleva la palabra perturbación, los psicólogos al producir estas prácticas conforman un marco normativo de lo que posible de ser atendido dentro de los periodos de tiempo previamente determinados, con lo que, inevitablemente, se precariza subjetividades con mayor complejidad en sus “perturbaciones” o que no caen dentro del molde temporal que fue establecido. Con esto se corre el riesgo de, a medida que aumentan este tipo de intervenciones aceleradas, las posibilidades de mejoría en trastornos complejos como esquizofrenia, personalidades limítrofes o psicosis disminuyen. Con esto, se generaliza la verdad de que las personas que necesitan menos la terapia, son las que recibirán el mayor beneficio de ella, pues los individuos con perturbaciones más graves tienen peores resultados.

A través del proceso previamente expuesto, genera que las perturbaciones complejas se transforman en alteridad, configuran un otro que es expuesto a distintos y, quizás, nuevos tipos de violencias. La complejidad representa un desajuste dentro de las lógicas aceleradas al no calzar dentro del flujo preestablecido.

Bernaldo-de-Quirós, M. Labrador, F. J., Estupiñá, F. J. & Fernández-Arias, I. (2013). La duración de los tratamientos psicológicos: diferencias entre casos de corta, media y larga duración. Universitas Psychologica, 12(1), 21-30.

Echeburúa, E., De Corral Gargallo, P., & Salaberría, K. (2010). Efectividad de las terapias psicológicas : un análisis de la realidad actual. Revista de Psicopatología y Psicología Clínica, 15(2). https://doi.org/10.5944/rppc.vol.15.num.2.2010.4088 

Painepán, B y Kühne, W. (2012). Efectividad según duración de la psicoterapia en un centro de atención psicológica para universitarios. Summa Psicológica UST, 9 (1), 47-52

Foucault, M. (2006). Seguridad, territorio, población. Fondo de Cultura Económica.

López-Deflory, C. (2021). Book Review of Hartmut Rosa. Social acceleration. A new theory of modernity. Recerca : Revista De Pensament i Anàlisi, 26(1), 179-184. https://www.proquest.com/scholarly-journals/reseña-del-libro-de-hartmut-rosa-social/docview/2610037326/se-2 

Sugarman, J., y Thrift, E. (2020). Neoliberalismo y la psicología del tiempo. Revista de Psicología Humanística, 60 (6), 807–828. https://doi-org.ezproxy.usach.cl/10.1177/0022167817716686 

Santibáñez Fernández, P. M., Román Mella, M. F., Lucero Chenevard, C., Espinoza García, A. E., Irribarra Cáceres, D. E., & Müller Vergara, P. A. (2008). Inespecific variables in psychotherapy. Terapia Psicológica, 26(1), 89–98. https://doi.org/10.4067/S0718-48082008000100008 

Rosa, H. (2010). Alienación y aceleración. Hacia una teoría crítica de la temporalidad en la modernidad tardía. Madrid: Katz.


Agregar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *