Condensación(psi): los limites del pliegue

A lo largo de la historia, el tiempo ha tenido dos grandes maneras de ser interpretado. Por un lado, la vertiente objetiva en donde el tiempo es considerado cronológico, definido por criterios científicos como la física, en que el fenómeno se resume en múltiplos y submúltiplos de segundos, aunque puede estar sujeto a cambios dependiendo de las condiciones gravitacionales o cuánticas. Este es el llamado tiempo ordinario, es decir continuo, constante, irreversible y direccional (Díaz, 2011; Blagoev et al., 2023). Por otro lado, el tiempo subjetivo está enfocado principalmente en la experiencia, esta puede ser un flujo, duración, lapso, etc.; así pues, se entiende como un proceso en que el sujeto vive e interpreta de diversas maneras el pasado, presente y futuro, estas percepciones pueden ser intrasubjetivas o intersubjetivas, pero siempre haciendo hincapié en la experiencia como un devenir del cual nacen y se proyectan las dimensiones temporales (Díaz, 2011; Shipp y Jansen, 2021).

Si bien, con el pasar de los años se han logrado desarrollar lecturas más sofisticadas que integran nuevos elementos complejizadores del problema de la organización del tiempo, la disciplina de la psicología se ha ido quedando atrás en la integración de nuevas interpretaciones sobre el tiempo y las temporalidades. En el área clínica, la presencia del tiempo objetivo existe, sobre todo, de manera operacional, es decir, la duración de una sesión, y si es que se aumenta la rigurosidad se podría afirmar que también cae dentro de criterios subjetivos. Por lo general, las nociones en psicología clínica sobre este tema han estado influenciadas desde una epistemología fenomenológica y, por consiguiente, nociones subjetivas del tiempo, esto se puede ver cuando Morales (2012) comenta como el estudio de la yoidad es inseparable de las temporalidades, pues estas son configuradoras del sujeto mismo. El tiempo, la percepción, las vivencias subjetivas y las experiencias se entretejen y ahí es donde podemos hallar rastros del sujeto, en otro trabajo comentan como el self está contenido en horizontes de pasado y futuro que se encuentran en un permanente flujo, además se alerta de la necesidad de integrar el análisis de las dinámicas del self en las lecturas diagnósticas, posicionando la mirada desde la fenomenología y de esta manera dar cuenta de cómo el sujeto las está experimentando (Müller, 2011).

En los análisis sobre percepciones y experiencias sobre el tiempo anormal o en patologías psicológicas graves, resalta el enfoque de los estudios y tratamientos en la vivencia subjetiva del paciente, lo que permite ver dificultades para relacionarse y moverse por escalas temporales a propósito de posibles mecanismos que subyacen en la sensación de continuidad temporal. Por lo que se resalta lo peculiar de la vivencia, pues al momento de presentarse en una consulta, el profesional se debe adecuar al sentir temporal de cada paciente e imprimir en cada uno de ellos una temporalidad peculiar y distintiva (Castro, 2010;Giersch et al, 2013). Aunque hay una perspectiva emergente, las terapias breves son una tendencia que surge a raíz de la creciente demanda de intervenciones más eficaces y eficientes, que se adapten a la heterogeneidad de los requerimientos, y buscan optimizar los recursos utilizados en el tratamiento, como por ejemplo el tiempo. Con un promedio de 8 a 10 sesiones, la Terapia Breve Centrada en Soluciones (TBCS) son un modelo sistémico basado en el construccionismo social, con un enfoque breve y centrado en las fortalezas del paciente, así como un uso de un lenguaje de soluciones que impulse un cambio en el comportamiento (León-Wong et al, 2022), es decir, es un modelo que busca acelerar la recuperación de las personas en donde el uso del lenguaje se transforma en el medio para co-construir una realidad mucho más funcional lo más rápidamente posible. A diferencia de las terapias ortodoxas centradas en el tiempo peculiar del sujeto, en estas sí se puede observar la presencia de una cronología determinada, la cual está respaldada por diversas investigaciones científicas como la de Cornejo (2021), en donde se estudia la TBCS en un caso de estrés post traumático.

Si la disposición de las temporalidades en una terapia psicológica, la cual solía privilegiar la interpretación subjetiva del tiempo, poco a poco empieza a escapar de la pericia del profesional, y pasa a manos de organismos que pueden predefinir y imponer una constitución temporal, alterando en su paso la propia técnica y la subjetivación que provoca ¿Que se puede hacer en este rígido desencaje?

Es por eso que escrito, a través de una reinterpretación del trabajo de Elias en Time: A Essay, pretende integrar una nueva lectura posible sobre la cuestión del tiempo y las temporalidades, para así, posteriormente enfocarlo en la psicología, con el fin iluminar este problema e introducir nuevos elementos como la técnica, a una discusión que está lejos de ser resuelta.En su libro, Norbert Elias realiza un seguimiento histórico sobre cómo se ha operacionalizado el tiempo en las distintas épocas y culturas, logrando definir al concepto de “tiempo” como un símbolo de una relación que, un grupo humano, constituye entre dos o más procesos, de los cuales uno cumple la función de marco de referencia al ser un continuum (Elias, 2010), es decir, un proceso con una secuencia que se repite constantemente, la cual siempre está mediada por componentes culturales. De esta manera, se distancia de la idea de tiempo como capacidad innata y se instala como un triunfo simbólico humano.

Son muchos los ejemplos de la noción de tiempo antes expuesta, como en épocas primitivas el sol se usaba como proceso de referencia, puesto que tiene la característica de siempre repetir un mismo patrón. Otro ejemplo mucho más tecnificado de continuum en devenir es el reloj, el cual fue configurado para producir una misma secuencia iterativa capaz de usarse como marco referencial permanente. A partir de lo planteado anteriormente, es posible ver cómo al articular su noción de tiempo, Elias ignoró una característica que se encuentra en la relación en sí misma que existe entre los procesos que intenta relacionar, pues esta es necesariamente artificial, constituyéndose como una producción mediadora. El ser humano como entidad en búsqueda de satisfacer sus necesidades inventa la técnica, entendida como los medios empleados por el ser humano, pero no con el propósito de adaptarse al medio, sino que para adaptar el medio a sus necesidades y reducir las veces en las que el mundo no puede satisfacerlas, lo que en último término produce es un mundo sobrenatural que es el lugar auténtico del ser humano (Sanchis, 2014).

Siguiendo lo anterior, esta relación artificial producida por el humano sería en realidad una técnica que permite la emergencia de un tercero de referencia, por lo que más que un proceso de referencia dentro de una relación es una relación mediada por la técnica que permite la producción de un objeto de referencia y, por tanto, la producción de un tiempo sobrenatural, un tiempo que es solamente humano, auténtico para él mismo, como nos lo deja ver Borges (1949) a través de su notable cuento El Aleph, “ya complidos los cuarenta años, todo cambio es un símbolo detestable del pasaje del tiempo” (p. 349).

Rose (2019) introduce la noción de techne en la psicología, y la define como las formas en que se organizan como una práctica en términos de los espacios y lugares en que los psicólogos ejercen su profesión, la variedad de técnicas disponibles para ellos, sus diferentes modos de operación y las muy diversas relaciones de autoridad, dominación y alianza entre los psicólogos y sus sujetos. En este extracto destaca la variedad de técnicas disponibles en la práctica de los psicólogos, las cuales pueden en su ejercicio hacer emerger una variedad de tiempos sobrenaturales. Además, a través de esta definición se puede establecer como en el saber-hacer del psicólogo, este puede producir y reproducir humanos para que se inserten en el mundo sobrenatural de una forma natural, pues la práctica psicológica cumple una función normalizadora de esta sobre-realidad.  

La psicología, durante la mayor parte del desarrollo de su práctica y la aplicación de su técnica, dejó a criterio del profesional la capacidad  de manipular la temporalidad de la intervención por la naturaleza subjetiva de su quehacer, pero esto cambio gracias a que la ciencia instala nuevas lógicas de intervención estandarizadas, que producen una alienación de la temporalidad y del psicólogo, esto invierte las nociones estandarizadas lo que genera que el tiempo sea el que determine la práctica y no viceversa, se posicione una temporalidad determinada previa a la aplicación/práctica terapéutica. Este trabajo, intentará rescatar un tiempo que no responde o, más bien, escapa de las concepciones objetivas y subjetivas, pues apunta a darle respuesta a un problema de orden práctico en la psicología. Para eso es necesario que estas temporalidades que intentamos analizar surjan contingentemente dentro de un entramado donde lo objetivo y lo subjetivo son solo elementos que se deben relacionar dentro de un enjambre aún mayor y así tener la capacidad de dar una respuesta al problema de ¿cómo se establecen las temporalidades en una intervención hoy? Y más aún, ¿por qué se busca una intervención más acotada? ¿Buscamos acelerar?

Este trabajo se inscribe en la metodología transdisciplinar propuesta por Salazar (2023), a través del cual se realizará un análisis conceptual y se adoptará una perspectiva de la complejidad que dista de la unificación lineal. Los transmétodos permiten un religaré entre estrategias, aportes,  discusiones  y  perspectivas investigativas que se pueden utilizar para realizar investigaciones transdisciplinarias.  Con el uso de estrategias rizomáticas-relacionales se vuelve viable la aparición de causas interrelacionadas y mutables que no buscan la simplificación del fenómeno, sino poder dar cuenta las multiplicidades que lo componen sin recurrir a una jerarquización.

Con el fin de poder responder las preguntas previamente planteadas evaluaremos múltiples agenciamientos o multiplicidades que afectan, se entrelazan y coordinan la composición de temporalidades en la atención clínica. Para lograr esto, se propone el concepto de condensación(psi) como instrumento de análisis teórico. Este concepto surge de la necesidad de formular el fenómeno de la reconfiguración de las técnicas en psicología clínica presentes en un contexto acelerado.

Aceleración y Modernidad

Hartmun Rosa (2010) realiza una notable lectura del panorama en el que se insertan las intervenciones hoy en día al decir que “la experiencia de la modernización es una experiencia de aceleración”. Con esta afirmación articula una problemática que atraviesa las pretensiones de este escrito, pues al inscribir una dinamización relativamente nueva en las estructuras temporales, también modula una experiencia subjetiva original en los sujetos. Esta es caracterizada por la expresión “de pendiente resbaladiza”, que refiere a la disposición de los sujetos a estar en una situación en la que son permanentemente obligados a ir más rápido si quieren mantener el ritmo inestable y líquido de su entorno, ya sea material o social, y así evitar perder la sincronización de elementos que están condicionando las subjetividades. La hiperfragmentación del tiempo tiene distintas implicancias en cómo los sujetos configuran sus relaciones, las cuales van desde: dispersión, experiencias de discontinuidad, falta de profundidad, multitasking, entre otras. Por otro lado, el capitalismo transforma el tiempo en mercancía, lo que resulta en una presión permanente por aprovechar cada fragmento de tiempo de la manera más óptima y operativa (Sugarman y Thrift, 2020; Rosa 2010). Por consiguiente, el sujeto instrumentaliza sus relaciones en pos de lo funcional y lo optimizado. Dentro del escenario descrito, las formas tradicionales de realizar psicoterapia se ven cuestionadas y envueltas en una paradoja; por un lado, la psicología no puede ser ajena a las formas de subjetividad contingentes. Por otro lado, la técnica psicológica requiere de elementos como la profundidad y la continuidad para ser efectiva.

La alienación entendida como una relación sin relación (Lopez-Deflory, 2021) es el concepto clave que permite entender las consecuencias de la aceleración. Si bien, no es sorpresa que la psicología intenta decodificar esta nueva experiencia subjetiva, dentro de este contexto, la TBCS funciona, más bien, como dispositivo alienante, pues por la naturaleza de su técnica, la cual se enfoca objetivos intrapsíquicos específicos, produce la ilusión que el exterior es algo completamente desprendido del sujeto, como si el mundo y sus cualidades no lo afectaran, dado que el paciente tiene la posibilidad de acceder a un servicio que trabaja alienado del tiempo. 

Bienestar basado en evidencia

La psicología, a lo largo de su historia, ha cambiado de enfoque en múltiples ocasiones; sin embargo, en la actualidad, nos encontramos con el ascenso de la psicología basada en evidencia, la cual comprende tanto el diagnóstico como el tratamiento de los distintos trastornos que han sido contrastados científicamente (Echeburúa et al, 2010). La aparición de este enfoque ha permitido la formulación de prototipos estandarizados de intervención clínica, los cuales han mediado una reconfiguración en la relación paciente-terapeuta. Estas nuevas técnicas y tecnologías de valor objetivo confieren a la práctica psicológica de un poder que es entendido como verdadero, evidente y capaz de solucionar malestares eficazmente.

 Echeburúa et al, (2010) describe cómo las demandas terapéuticas se han transformado en los últimos años, evidenciando la necesidad de la psicología por adaptarse a una nueva realidad en la necesita ser eficiente. Sin embargo, se ha dejado al ser humano sufriente, se desatiende la singularidad a favor de instalar un instrumento estándar que traduzca la heterogeneidad social en datos homogéneos, esta operación es válida a través un régimen de verdad empírico que respalda la operación (Foucault, 2006). Tal respaldo produce que la psicología basada en evidencia se transforme un canon de atención, un régimen que articula prácticas y materiales en torno a los pacientes de atención en salud mental, esto no solo constituye una orientación específica, sino también es demandada por los sujetos (Mendez y Vanegas, 2010). Estos, al adentrarse en lógicas de eficiencia y eficacia, se ven atravesados por formas de gestión de rendimiento que reconfiguran su subjetividad. Para poder lograr estos resultados, es necesario reducir al sujeto a sólo los procesos cerebrales que le ocurren, esto facilita el control de las variables al reducirlas a elementos enteramente materiales, lo que separa al sujeto de otros procesos que lo podrían estar atravesando, un ejemplo de esto es el intento de explicar la conducta humana solamente por el funcionamiento cerebral y conexiones neuronales. La recodificación de la subjetividad en términos neurobiológicos se ve puesta en duda por sociedades en las que esta puede comprenderse como una co-construcción con elementos no- humanos, de maneras relaciones y no deterministas (Jensen & Blok, 2013).

Gestión de recursos (in)humanos

Es preciso destacar que la necesidad de gestionar los recursos como un elemento que propició el surgimiento de las TBCS. Las crecientes demandas en torno a temáticas de salud mental han influido en cómo los sistemas gubernamentales coordinan y organizan las estrategias de intervención, se plantean nuevas formas de gobernar las subjetividades y de dirigir los deseos. En este contexto se articula el problema de la eficiencia en psicoterapia, de la necesidad de distribuir recursos limitados de manera racional a la mayor población posible, pues los sistemas de salud no suelen contar con los recursos necesarios para toda la demanda y nace la necesidad de determinar cuántas las sesiones mínimas para que un proceso psicoterapéutico sea efectivo. Un estudio realizado en universitarios expone que, en términos de eficiencia, la terapia limitada a 12 sesiones es preferible a la terapia sin límites, pues los pacientes dejaron de presentar indicadores clínicos, esta investigación obtuvo esos resultados a través de una escala de medición cuantitativa (Painepán y Kühne, 2012). Es decir, a través del uso de herramientas técnicas, científicas y objetivas es posible traducir los modos de existencia de cada persona, y modular su subjetividad en breves periodos de tiempo.

La psicología clínica afronta el problema y reto de obtener resultados positivos que puedan contrastar con indicadores estándar y, además, hacerlo en el tiempo más breve posible. Una de las soluciones ha sido producir protocolos estandarizados para determinados malestar o trastornos, con respaldo empírico que se traduce un éxito terapéutico y en una disminución de sesiones (Bernaldo-de-Quirós et al., 2013). Al realizar esta clase de intervenciones, se individualiza el problema, pero homogeniza las formas de sufrimiento, las cuales se traducen en ciertos criterios que coinciden con un protocolo específico y una forma particular de tratamiento que pueda aprehender al sujeto y recortar su complejidad subjetiva en síntomas observables. Se transforma la manera de analizar al paciente, abandonando la idea de sujeto singular y único, para tender a un sistema de costos y beneficios que pretende reparar al sujeto con los menores recursos, en el menor tiempo realizable.

Tipos de perturbaciones

Los servicios de atención en salud tienden a clasificar toda clase de problemas con lo que se puedan enfrentar, construyendo el malestar en un asunto técnico, el cual debe resolverse velozmente. Esto ocurre en particular en la psicología clínica, al categorizar distintos “tipos de perturbaciones”. Se encontró que uno de los factores relacionados a mayor efectividad y duración del tratamiento psicológico es el nivel inicial de perturbación mental, es decir, sujetos con diagnósticos relacionados a perturbaciones afectivas y conductuales leves exponen mayor mejoría, a diferencia de patologías como la paranoia y la esquizofrenia, las cuales presentan pobres indicadores de mejoría. Asimismo, los pacientes diagnosticados como psicóticos o personalidades limítrofes suelen sufrir deterioro en el proceso terapéutico lo que dificulta su tratamiento (Santibáñez et al., 2008). La categorización de malestares supone una suerte de anatomía psíquica, la cual es posible de diseccionar. Se da a entender la posibilidad de que una cierta especialidad psicológica, desarrolle herramientas con el propósito de tratar una parte particular de un cuerpo imaginario, el cual es posible de ser separado, comprendido y producido por partes. Asumir esta visión podría implicar una fragmentación del saber psicológico, puesto que los profesionales necesitarían especializarse en cierto tipo de malestar que se encuentra en un lugar específico de un cuerpo que es producido por la misma técnica, una corporalidad sobrenatural. 

Obviando el juicio moral que conlleva la palabra perturbación, los psicólogos, al producir estas prácticas, conforman un marco normativo de lo que es posible de ser atendido dentro de los periodos de tiempo previamente determinados. Por lo tanto, inevitablemente se precarizan subjetividades con mayor complejidad en sus “perturbaciones” o que no caen dentro del molde temporal que fue establecido. Con esto se corre el riesgo de disminuir las posibilidades de mejoría en trastornos complejos como esquizofrenia, personalidades limítrofes o psicosis, a medida que aumentan este tipo de intervenciones aceleradas. Ergo, se generaliza la “verdad” de que las personas que necesitan menos la terapia son las que recibirán el mayor beneficio de ella, pues los individuos con perturbaciones más graves tienen peores resultados.

A través del proceso previamente expuesto, las perturbaciones complejas se transforman en alteridad, configuran un otro que es expuesto a distintos y, quizás, nuevos tipos de violencias. Además de quedar fuera del régimen de reconocimiento (Butler, 2009), los sujetos altamente perturbados son excluidos del tejido social acelerado al no poder calzar con la velocidad normativa y se exhibe que la complejidad representa un desajuste dentro de las lógicas aceleradas al no adaptarse dentro del flujo preestablecido.

Comorbilidad y Número de técnicas aplicadas

Estudios muestran que existen dos factores que sobresalen al momento de la predicción sobre la duración de un tratamiento. Por un lado, un paciente que presenta más de un problema requerirá intervenciones más largas. Por el otro, se expone a la prolongación del tratamiento dado al mayor número de técnicas utilizadas. Estas características destacan en importancia en los estudios sobre eficiencia y efectividad, aunque también suelen intentar evitarse, lo que es contradictorio pues estudios muestran que esto es muy habitual en la práctica clínica profesional (Ballesteros et al., 2012; Bernaldo-de-Quirós et al., 2013), dejando el cuestionamiento de qué tanta heterogeneidad puede captar las técnicas clínicas aceleradas.

No es sorpresa que el ensamble de estos factores resulta en un aumento del tiempo terapéutico, pues a mayor cantidad de problemas con más de un área vital afectada, son necesarias más técnicas heterogéneas para modificar conductas desadaptativas. Lo anterior deriva en un aumento inevitable del tiempo clínico para tratar a un paciente y que el tratamiento produzca algún tipo de mejora. Asimismo, implementar una variedad de técnicas podría implicar una descoordinación del flujo de la terapia al no ser todas compatibles en su uso.

Dentro del contexto de aceleración, la presencia de estos dos factores en conjunto representa una tensión sostenida en la psicología clínica, ya que se busca no solo disminuir el número de técnicas, sino que paralelamente, instaurar un nuevo régimen acelerado que obliga a los profesionales a tener precisión quirúrgica en los diagnósticos. Mientras antes se determine cuál es la problemática antes se podrá aplicar la técnica específica necesaria. Si bien, determinar cuál es diagnóstico particular del sujeto permite organizar según este régimen. Esto solo funciona cuando no existen múltiples afectaciones que atraviesan al sujeto, es decir, la presencia de la comorbilidad tensiona esta pretensión, la imposibilita en cierta medida al ser inabarcable con una sola técnica.

La tensión descrita produce que los psicólogos se vean en la necesidad de apoyarse en tecnologías que faciliten y aceleren el análisis de datos, con esto se agiliza el proceso diagnóstico, la selección de la técnica y, por consiguiente, la duración de la terapia (Gordon & Turnbull, 2024). La inclusión de estas nuevas materialidades viene a generar arreglos prácticos que puedan facilitar la aceleración de las temporalidades en intervenciones, le brinda a la técnica psicológica nuevas herramientas que disminuyan el azar diagnóstico, aumentado las probabilidades de acertar en la elección del tratamiento más adecuado al malestar del paciente. Además, mientras más se introduce la tecnología en la psicoterapia, más se automatiza la práctica de esta, lo que favorece la gestión.

El lugar

Otro eje que atraviesa y cambia la manera en que la técnica psicológica compone sus temporalidades es el lugar en donde se realizan las sesiones. Foladori (2021) comenta que el lugar es el espacio que se articula para el trabajo analítico, este puede ser cualquier espacio para la escucha de lo inconsciente; sin embargo, debe ser establecido y acordado con los pacientes en el encuadre, ya que implica un grado de intimidad imprescindible que posibilita la práctica. La flexibilidad al momento de determinar el lugar en cual se realizará la intervención permite que se configuren múltiples espacios que facilitan el acceso a una mayor cantidad de pacientes que tienen a su disposición una cantidad heterogénea de dispositivos para elegir y, dependiendo de las circunstancias en las que se encuentren los sujetos, tenderán a una u otra opción.

Apoyados o influidos por las tecnologías (Foladori, 2021), en los últimos años se han constituido distintos lugares terapéuticos a partir de diferentes materialidades, circunstancias y procesos que median y modifican la técnica terapéutica. Al usar otras vías a distancia, como pueden ser telefónicas o virtuales (Skype, Meet, WhatsApp, etc.), el analista deja de ser el responsable de garantizar la intimidad del espacio. En esos casos, la tarea debe ser resuelta por el paciente, el cual vaga por múltiples lugares que puedan articular un sitio en el que se le permite hablar libremente.

Condensación(psi): el tiempo clínico como asunto técnico

Es concebible que los elementos previamente descritos articulan una nueva manera de realizar y producir psicoterapia, impulsada por lógicas de eficiencia y eficacia que configuran nuevas subjetividades. Se consideran 2 aspectos que justifican y describen este cambio, y se desarrollara el concepto de condensación(psi), como producto del análisis de los ensambles y transformaciones en la psicoterapia contemporáneas:

“El problema siempre es habitar el mundo” (Deleuze, 2004). Es posible concebir que las multiplicidades descritas son nuevos elementos que modifican la forma de habitar, la emergencia de estos componentes ha (re)configurado las técnicas institucionales con el propósito de acomodarlas a la aceleración contemporánea, pero este cambio provocó una descoordinación entre la subjetividad de los pacientes y las nuevas producciones temporales que las instituciones empezaron a disponer. El surgimiento de nuevas técnicas de intervención terapéutica actúa como intentos de aprehender las recientes composiciones subjetivas aceleradas. Los modelos como la TBCS, instauran un cambio institucional al volverse el marco de referencia para producir temporalidades terapéuticas, lo que implica un cambio en la producción de subjetividades, en la forma en que se codifican y decodifican los sujetos. 

La forma de validar el cambio institucional es a través de un régimen de justificación (Thévenot, 2001), el cual demanda un alto grado de legitimidad y que es cumplido por el respaldo científico en términos de eficiencia y eficacia. El entretejido de elementos como el contexto en aceleración, el aumento de la demanda en salud mental, el nacimiento de tecnologías complementarias a los tratamientos y los resultados que respaldan el uso de metodologías acotadas, estos y otros elementos elevan la legitimidad del cambio institucional. El régimen permite instalar tiempos a altas velocidades, no solo como preferibles en términos de eficiencia y eficacia, sino como buenos en sí mismos, constituyendo el cambio de un tiempo indefinido a uno definido y acotado como intrínsecamente bueno, se facilita la coordinación de lo múltiple y su flujo. Simultáneamente, se valida la instauración de un régimen de aceleración en las prácticas de salud mental hasta el punto de inscribirse como sentido común de los profesionales. Se vuelve lo normal la búsqueda de acotar, establecer y determinar parámetros menos flexibles, ajustarse a lógicas de eficiencia que responden a una homogeneización de los malestares en protocolos; sin embargo, se ignora qué nuevos modos de subjetivación producen siempre  nuevos modos de exclusión.

Validar una justificación hasta que se transforme en sentido común implica, en este caso, la naturalización de la técnica y en esta operación se corre el riesgo de naturalizar también las condiciones de posibilidad de un fenómeno. Este peligro nos fue advertido por Ortega y Gasset (2009), pues considerar a los fenómenos como si “siempre estuvieron ahí” obviando los procesos históricos, las relaciones, los regímenes y los dispositivos que permitieron su emergencia, produce una relación automática con el fenómeno, en este caso con las intervenciones aceleradas, lo que obstaculiza el cuestionamiento y la reflexión sobre estas prácticas. Considerar el tiempo terapéutico como hecho dado, innegociable y neutro, produce que se instalen temporalidades previamente determinadas como parámetros de normalidad, el estándar, lo deseado. Instalar un modo de normalidad en el tiempo clínico, también implica establecer modos anormales, tiempos ilegítimos, los cuales quedan expuestos a violencias epistémicas. Si sumado a esto, consideramos que el tiempo se alinea con el profesional, se automatiza una forma de gestionar los yos y, con esto, el profesional pierde su agencia sobre este parámetro y, con ello, la posibilidad de exponer al dispositivo terapéutico como técnica no neutral.

“La subjetivación es siempre un problema de plegazón” (Rose, 2019). Los plegamientos son entendidos como relaciones sin interior esencial, en donde su adentro es un plegamiento de un exterior. Además, son caracterizados por incorporar sin totalizar, internalizar sin unificar, reunir discontinuamente, en las formas de dobleces, pliegues que constituyen superficies, espacios, flujos y relaciones, y también. Deleuze (2004) comenta cómo el pliegue es creado sólo a través de su práctica, por lo tanto, la psicología clínica se podría entender como una práctica terapéutica de la subjetividad que actúa en forma de dispositivo capaz de realizar y analizar plegamientos de las multiplicidades que conforman a los sujetos. Al igual que desenvolver una alfombra enrollada, la técnica con la que se lleva a cabo la práctica clínica permite el pliegue, el despliegue y el repliegue de la historia, las vivencias y los malestares de los pacientes, cada uno de estos plegazónes son posibles trayectorias dinámicas en la práctica psicoterapéutica (De Souza Sánchez, 2017). Con el paso de las sesiones, se desdobla al sujeto, se pliega y repliega para modular y repasar el diseño, esto permite al terapeuta trabajar en distintas superficies, diferentes espacios sin desconsiderar algunas zonas o despreciar otras áreas. Así es posible evaluar el mundo entero de los sujetos y, dependiendo del diseño que tengan, las exterioridades que se hayan plegado hacia el interior se podría configurar una temporalidad, la cual se acomodará a cada sujeto y sus propios pliegues (Rose, 2019; Deleuze, 2004). Las dinámicas de plegamientos de multiplicidades producen el tercero de referencia que orienta las psicoterapias, la forma en la que la multiplicidad es plegada y desplegada hace que emerjan objetos referenciales.

Se propone el concepto de condensación (psi) como herramienta teórica con el fin de ofrecer una lectura descriptiva y esclarecer el funcionamiento de los modelos clínicos acelerados, como dispositivos de producción subjetiva y temporal. De esta manera, conceptualizar el proceso técnico en el que ciertos dispositivos clínicos contemporáneos fuerzan a las subjetividades a ser comprimidas para calzar en un molde temporal preestablecido. El concepto surge al diferenciar los procesos terapéuticos descritos de metodologías tradicionales con los modelos acelerados como TBCS, los cuales, organizados por un régimen de aceleración, alteran los procesos de plegamiento en pos de la eficiencia y el control. Con el fin de evitar el despliegue interno, la técnica realiza un esfuerzo enorme de pliegue y repliegue a mucha presión, lo que minimiza el posible despliegue y devenir del sujeto. La condensación es el proceso en el cual los múltiples espacios que conforman las intervenciones psicoterapéuticas son constreñidos bajo lógicas de eficiencia, es decir, los pliegues del sujeto, estos se ven comprimidos y acelerados de forma técnica, se suprime el despliegue para tender hacia lo funcional y operativo. Esto siendo una consecuencia y no siempre una metodología deliberada, un efecto de los regímenes, relación de poder, instituciones y materialidades bajo los cuales se organizan, componen y modulan las intervenciones psicológicas.

El concepto intenta describir cómo ciertas metodologías aceleradas buscan administrar la experiencia, no repensar, plegar sin dejar desplegar, limitando el devenir en un procedimiento anti-rizomático que suprime lo emergente y contingente para tender a lo operativo y lo predecible. Al producirse la condensación se podrían comprimir las temporalidades y simultáneamente las subjetividades, lo que aceleraría las terapias psicológicas. Si pensar y existir no se mueven al unísono, es posible comprimir el pensar y favorecer la existencia como acto plenamente funcional (Torres, 2024), como presencia sin sentido del ahora que es legitimada a partir de teorías, test, diagnósticos y terapias.

Lo que nos deja con la pregunta: ¿Qué subjetividades buscamos condensar? ¿Qué o quiénes quedan fuera cuando condensamos?

Si a través de metodologías específicas, podemos condensar pliegues, de igual modo sería posible producir diagramas, pero ya no con el objetivo de volverlos generalizables, sino con el fin de gestionar desde lo particular. En este contexto, la condensación opera como una torsión de los pliegues que habilita la configuración de ritmos, estos entendidos como una manera de comunicar o coordinar distintos espacios y medios (Roa-Corredor, 2015). Con el uso de ritmos específicos, producidos para que sean ontológicamente acelerados y compactos, deja de ser necesaria la búsqueda generalizar conexiones, relaciones, multiplicidades y superficies.

Si condensamos la coordinación para producir ritmos veloces, la complejidad del sujeto deja de ser algo insondable por la técnica psicológica. Pasa a ser una entidad cuyas variables que conforman su interioridad, aquello que ha sido trazado para crear espacios y dobleces, puede ser capturados por la práctica psicológica en un par de sesiones. Dado que la cantidad misma de ensambles, momentos, líneas y exterioridades que modelan al paciente se condensan hasta lo manipulable, produce que, en última instancia, la terapia se transforme en una especie de laboratorio hermético. Esto simplifica al sujeto hasta el punto donde su subjetividad deja de ser un problema al momento gestionar y pasa a ser un facilitador de la eficiencia (Rose, 2019). Ya no se trata de entender al paciente, sino de transitarlo a altas velocidades. En la conformación de este régimen, el ritmo confecciona el tiempo en la terapia, de igual modo que las subjetividades idóneas para enlazarse con ellos.

Ante este panorama, una línea de fuga que sería interesante explorar consiste en las metodologías comunitarias o colectivas, que permitan la acción y producción de temporalidades situadas, heterogéneas y difícilmente pre-establecidas, pues se sumergen en un flujo colectivo que hace incalculables las predicciones. Se trataría propiciar zonas donde los malestares surjan en conjunto, a diferencia las TBSC en las cuales se trata al individuo aislado y patologizado. Es imperativo favorecer un devenir plural, compartido, afectivo, el cual debe actuar como plataforma de resistencia a regímenes de aceleración que buscan condensar la experiencia y cerrar su despliegue. En este sentido, el profesional y su técnica ocupan un lugar fundamental, su intervención no debe funcionar como dispositivo de captura de flujos, que normaliza y recorta tiempo, sino como un posibilitador del devenir rizomático, de ensamblajes contingentes de los sujetos colectivos. De esta manera, se evita gestionar síntomas individuales y se pasa a tejer temporalidades colectivas las cuales articulan otras formas de habitar el tiempo y sufrimiento, alejadas de lógicas de eficiencia y eficacia.

A modo de conclusión: (re)introducir el tiempo como problema

Durante el transcurso de este trabajo se examinó el problema que se enfrentan actualmente las intervenciones clínicas: la presión en aumento por alcanzar la mayor población con los menores recursos sin sacrificar profundidad en la técnica terapéutica en un contexto acelerado. Dentro de este margen, se analizaron múltiples agenciamientos que conforman las temporalidades clínicas insertas en la tensión previamente descrita, dentro de los cuales encontramos regímenes de aceleración, evidencia usada como parámetro de bienestar, gestión y organización de los malestares, entre otros. Ante el panorama expuesto, esta investigación reintroduce la variable temporal como aspecto necesario de describir y criticar, dado que la aceleración contemporánea ha configurado un nuevo régimen de intervención clínico que condensa subjetividades y temporalidades hasta volverlas gestionables.

Como se ha visto, el escrito pretende problematizar el tiempo psicoterapéutico más allá del dualismo clásico, integrando la objetividad y la subjetividad como elementos puestos en relación y tensión, dentro de un enjambre aún mayor que se produce contingentemente en la práctica de una técnica. Intentar inscribir una temporalidad predeterminada a las maneras de intervenir a sujetos pareciera ser un paso en falso que solo responde a favor de lógicas de aceleración, eficiencia y eficacia. Continuar con estas metodologías breves, como las TBCS, aumenta el riesgo de caer en violencias epistémicas y precarizar subjetividades que no pueden calzar dentro de los límites temporales establecidos. Dentro de este marco, las temporalidades deberían emerger con relación a cada paciente y los múltiples pliegues que lo componen; sin embargo, esto no resuelve el problema del aumento de demanda en torno a patologías de salud mental, por ello, se propone explorar metodologías y técnicas colectivas.

Rosa (2010) propone el concepto de resonancia y sugiere que las maneras de habitar y existir en el entramado social no deben regirse por criterios de aceleración, crecimiento e innovación. Es pertinente cuestionar la dirección hacia donde tienden las técnicas y prácticas psicoterapia, pues si entendemos la aceleración como malestar en sí mismo y originador de patologías psíquicas, las terapias breves solo estarían operando en a favor del malestar y de los mecanismos de producción de la velocidad. La psicología debe operar en favor de posibilitar, mantener y establecer relaciones no alineadas entre el sujeto y el mundo, pues su quehacer sostiene el papel político, social y cultural que conlleva toda producción de subjetividad y su ensamble temporal.

En vista de lo tratado en este trabajo, la temporalidad no puede ser considerada como un parámetro dado ni preestablecido. Se deben considerar distintas velocidades dependiendo de las subjetividades tratadas, permitiendo su movimiento impredecible y de esta manera, las terapias, deben construirse como espacios de subversión frente a la aceleración contemporánea. Ignorar las condiciones que producen tiempos normalizados y evitar problematizar las implicaciones políticas, subjetivas y técnicas nos acerca cada vez más a la posibilidad de afirmar, en un sentido nietzscheano, la muerte de la psicoterapia, al menos como la hemos concebido hasta ahora.

Referencias bibliográficas

Ballesteros, F., Fernández, P., & Labrador, F. J. (2012). Factores que influyen en la duración de los tratamientos psicológicos empíricamente apoyados. Anales de Psicología, 29(1). https://doi.org/10.6018/analesps.29.1.139361

Bernaldo-de-Quirós, M., Labrador, F. J., Estupiñá, F. J. & Fernández-Arias, I. (2013). La duración de los tratamientos psicológicos: diferencias entre casos de corta, media y larga duración. Universitas Psychologica, 12(1), 21-30.

Blagoev, B., Hernes, T., Kunisch, S., & Schultz, M. (2023). Time as a Research Lens: A Conceptual Review and Research Agenda. Journal of Management, 50(6), 2152-2196. https://doi.org/10.1177/01492063231215032 (Original work published 2024)

Borges, J. (2014). Cuentos completos. Debolsillo.

Butler, J. (1993). Bodies that matter: On the discursive limits of “sex”. Routledge.

Cornejo, M. (2021). Terapia breve centrada en soluciones en un caso de trastorno de estrés post traumático. Ajayu Órgano de Difusión Científica del Departamento de Psicología UCBSP, 19(1), 160-194. http://www.scielo.org.bo/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S2077-21612021000100006&lng=es&tlng=es.

Deleuze, G. (2004) El pliegue. Leibniz y el Barroco. Paidós. (Original publicado en 1988).

Díaz, J. L. (2011). Cronofenomenología: El tiempo subjetivo y el reloj elástico. Salud mental, 34(4), 379-389. http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0185-33252011000400010&lng=es&tlng=es.

De Souza Sánchez, P. M. (2017). El pliegue en la arquitectura. The Fold in Architecture.  [Tesis Doctoral, Universidad Politécnica de Madrid]. https://doi.org/10.20868/UPM.thesis.47994

Echeburúa, E., De Corral Gargallo, P., & Salaberría, K. (2010). Efectividad de las terapias psicológicas : un análisis de la realidad actual. Revista de Psicopatología y Psicología Clínica, 15(2). https://doi.org/10.5944/rppc.vol.15.num.2.2010.4088

Elías, N. (2010). Sobre el tiempo (G. Hirata, Trans.; H. Vera, Pról.). Fondo de Cultura Económica. (Trabajo original publicada en 1984)

Foucault, M. (2006). Seguridad, territorio, población. Fondo de Cultura Económica.

García, E. (2010). La vivencia del tiempo en la psicología normal y en la patológica, II. Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría, 30(1), 137-143. http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0211-57352010000100008&lng=es&tlng=es.

Giersch, A., Lalanne, L., Van Assche, M., & Elliott, M. A. (2013). On disturbed time continuity in schizophrenia: an elementary impairment in visual perception. Frontiers in psychology, 4, 281. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2013.00281

Gordon, S. F., & Turnbull, B. (2024). Adopción de la inteligencia artificial en el campo de la psicología. Psicología Iberoamericana, 31(2). https://doi.org/10.48102/pi.v31i2.547

Jensen, C. B., & Blok, A. (2013). Techno-animism in Japan: Shinto Cosmograms, Actor-network Theory, and the Enabling Powers of Non-human Agencies. Theory Culture & Society, 30(2), 84-115. https://doi.org/10.1177/0263276412456564

León-Wong, V. C., Heras-Benavides, D., y Polo-Martínez, M. (2022). Terapia breve centrada en soluciones y terapia de aceptación y compromiso para la depresión. Revista Arbitrada Interdisciplinaria Koinonía, 7(1), 516–618. https://doi.org/10.35381/r.k.v7i1.1854

López-Deflory, C. (2021). Book Review of Hartmut Rosa. Social acceleration. A new theory of modernity. Recerca : Revista De Pensament i Anàlisi, 26(1), 179-184. https://www.proquest.com/scholarly-journals/reseña-del-libro-de-hartmut-rosa-social/docview/2610037326/se-2

Müller, M. (2011). Temporalidad en el campo clínico: fenomenología del self. Revista de Terapia Gestalt, 2, 80-101.  https://www.researchgate.net/publication/361511994_TEMPORALIDAD_EN_EL_CAMPO_CLINICO-_FENOMENOLOGIA_DEL_SELF

Ortega y Gasset, J. (2009). La rebelión de las masas (5.ª ed.). Alianza Editorial. (Obra original publicada en 1929)

Painepán, B y Kühne, W. (2012). Efectividad según duración de la psicoterapia en un centro de atención psicológica para universitarios. Summa Psicológica UST, 9 (1), 47-52

Roa-Corredor, J. (2015). Deleuze, el pliegue, el ritornelo y la relación arte-territorio. Cuestiones de filosofía 1(17), 258-274.

Rose, N. (2019). La invención de sí mismo. Poder, ética y subjetivación (S. Vetö, N. Bornhauser, F. Valenzuela, Trans.). Pólvora. (Trabajo original publicado en 1996)

Rosa, H. (2010). Alienación y aceleración. Hacia una teoría crítica de la temporalidad en la modernidad tardía. Madrid: Katz.

Shipp, A. y Jansen , K. (2021). El «otro» tiempo: Una revisión de la experiencia subjetiva del tiempo en las organizaciones. Anales de la Academia de Administración, 15, 299–334, https://doi.org/10.5465/annals.2018.0142 

Salazar, J. A. (2023). Transdisciplinariedad: un enfoque innovador para la investigación y el conocimiento de los trasmétodos. Revista Multidisciplinaria De Investigación – REMI, 2(1), 73-93. https://doi.org/10.5281/zenodo.8339331

Sanchis, P. (2014). Ortega y Gasset, J. Meditación de la técnica. SCIO, (10), 187-191.

Santibáñez Fernández, P. M., Román Mella, M. F., Lucero Chenevard, C., Espinoza García, A. E., Irribarra Cáceres, D. E., & Müller Vergara, P. A. (2008). Inespecific variables in psychotherapy. Terapia Psicológica, 26(1), 89–98. https://doi.org/10.4067/S0718-48082008000100008

Sugarman, J., y Thrift, E. (2020). Neoliberalismo y la psicología del tiempo. Revista de Psicología Humanística, 60 (6), 807–828. https://doi-org.ezproxy.usach.cl/10.1177/0022167817716686

Thévenot, L. (2001). Pragmatic regimes governing the engagement with the world. En T. R. Schatzki, K. Knorr Cetina, & E. Von Savigny (Eds.). The practice Turn in Contemporary Theory (pp.56-73). London: Routledge.

Torres, S. (2024). Gilles Deleuze. Elemento formal del barroco. ÉNDOXA: Series Filosóficas, 53, 209 – 220.

Agregar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *